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El futuro de los RAEE

Garantizar un sistema de producción y consumo sostenible para los aparatos eléctricos y electrónicos va a requerir grandes esfuerzos de todas las partes interesadas en ellos: productores (normalmente agrupados en sistemas colectivos de responsabilidad ampliada), usuarios, recicladores y responsables políticos. Los primeros probablemente tengan la mejor oportunidad de diseñar un sector electrónico que resista a los continuos avances y que sea sostenible tanto económica como ambientalmente. Son necesarios modelos comerciales que ofrezcan más posibilidades de alargar la vida útil del aparato y su recuperación directa una vez convertido en residuo.

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Los sistemas actuales de gestión de residuos electrónicos no han logrado captar en su totalidad el valor funcional y material de estos residuos. Lo que en parte está relacionado con la falta de incentivos para los actores de la cadena de valor, que promuevan las mejores soluciones (tanto ambientales como financieras) al final de la útil. Del mismo modo, la falta de colaboración entre las partes interesadas en el ciclo de vida del producto ha supuesto un problema para impulsar diseños circulares, que faciliten el reciclaje de los residuos. Actualmente, muchos países en desarrollo o emergentes carecen de políticas efectivas y de infraestructura adecuada para la gestión no solo de los residuos electrónicos, sino también para otros flujos como por ejemplo los sólidos urbanos. Esta situación ofrece una gran oportunidad para países de Asia, África y América del Sur donde se espera un crecimiento tecnológico más rápido. Institucionalizar las actividades informales de reciclaje debería ayudar a crear unas condiciones de trabajo seguras, menor impacto ambiental y establecer una industria de reciclaje más sostenible.

Fuente: http://collections.unu.edu/eserv/UNU:7440/FUTURE_E-WASTE_SCENARIOS_UNU_190829_low_screen.pdf

Reciclaje de lámparas y luminarias

Las lámparas (que comúnmente llamamos bombillas) y luminarias (coloquialmente lámparas, farolas…) también son aparatos eléctricos y electrónicos, y su adecuada gestión una vez se convierten en residuos comienza, como siempre, con su poseedor (arquitectos, empresas de servicios energéticos, diseñadores de iluminación, ingenieros, instaladores, usuario final particular), que debe tomar la iniciativa de depositarlos en el lugar adecuado (punto limpio, contenedores específicos en tiendas o gestor autorizado). Excepto las antiguas bombillas de filamentos (o incandescentes) y las halógenas, que no se consideran aparatos eléctricos y electrónicos, el resto están formadas por complejas mezclas de materiales o sustancias contaminantes (como mercurio), que hacen de su reciclaje una tarea costosa.

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Destino de los materiales extraídos de lámparas y luminarias (Fuente: Ambilamp)

Una vez llegan a la planta, estos residuos se envían a una línea de clasificación para extraer, en primer lugar, los componentes peligrosos que siguen un tratamiento específico. Realizada la separación, se inicia el proceso de fragmentación, que divide las fracciones destinadas a la valorización energética, de aquellas otras que son tratadas para obtener nuevas materias primas para otros procesos industriales. Los materiales recuperados en esta fase son principalmente, metales férricos y no férricos, plástico y vidrio, que se reintroducen nuevamente en el mercado.

El proceso de reciclaje y reutilización supone siempre el ahorro de las materias primas y el consumo de energía necesario para transformarlas, lo que se traduce en una importante reducción de la emisión de CO2 a la atmósfera.

El reciclaje perfecto

El reciclaje es el proceso por el que materiales usados se convierten en nuevos productos evitando que se desperdicien recursos, y reduciendo el consumo de materias primas, de energía y la contaminación de aire y agua.

Algunos flujos de residuos se reciclan de forma perfecta. Por ejemplo, un residuo como es el plomo resume lo que es el reciclaje circular perfecto. Hace 32 años que cerró en España la última mina de plomo y, desde ese momento, el 100% del plomo que se utiliza en productos tan necesarios como las baterías de arranque de los vehículos, es reciclado. Además, cada vez que se recupera una pieza de estaño o plomo, se compensa el 99% de emisiones a la atmósfera del material empleado. Reciclar metales resulta muy eficiente y otro ejemplo es el cobre, que también puede reciclarse continuamente sin pérdida. El hierro y el acero son los materiales más reciclados del mundo y están entre los más fáciles de volver a procesar porque pueden separarse magnéticamente del resto de residuos.

Latas

De igual manera el vidrio se puede reciclar hasta el infinito sin ningún tipo de degradación. Sin embargo, hay que señalar que reciclar tres toneladas de vidrio solo ahorra una tonelada de CO₂ emitido; mientras que reciclar una tonelada de metal (aluminio de latas) o de papel (o cartón) ahorra cerca de tres toneladas de CO₂. El aluminio se puede reciclar infinitas veces sin pérdida, pero el papel y cartón no.

Todos tienen en común que su reciclaje SOLO es perfecto si se desechan de la forma adecuada, porque de lo contrario pueden convertirse en una pesadilla para el medio ambiente. Y para conseguir hacerlo extensivo a todos los productos es necesario que en la fase de diseño y fabricación se tenga en cuenta que al final de su vida útil puedan ser fácilmente reciclados al 100%, además de emplear esos mismos materiales reciclados en vez de materias primas durante su fabricación.

¿Qué es la ecotasa?

En primer lugar, hay que aclarar que existen diversas ecotasas, llamadas así porque hacen referencia a distintos gravámenes que contribuyen de forma indirecta a la protección medioambiental. Por ejemplo, hay ecotasas que tienen que ver con la energía, combustibles, contaminación, turismo, reciclaje… Esta última es la que vamos a tratar a continuación.

El origen de la ecotasa se remonta a la mitad de los años ochenta, cuando por mandato europeo se transpone la legislación española en materia de residuos (en especial tóxicos y peligrosos), introduciendo esta llamada “ecotasa” para financiar un reciclaje que de lo contrario era inviable. Por lo tanto, estrictamente viene a considerarse el pago por la prestación de un servicio.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que existen residuos reciclables, como por ejemplo las luminarias, cuya vida útil puede ser de hasta 30 años, y por tanto, es preciso prever los recursos financieros para su correcta gestión entonces.

También hay algunos residuos que se han convertido en un negocio y su tratamiento ya no necesita ser subvencionado con impuestos. Por ejemplo, la subida del valor del aceite usado como materia prima se debe a la caída del aceite nuevo en el mercado.

¿Quién paga la ecotasa?

El consumidor final. Cada vez que alguien compra un producto reciclable, paga un pequeño porcentaje para financiar su recogida como residuo y posterior tratamiento y reciclaje. Pero además de pagar, el consumidor debe colaborar separando ese residuo del resto. Este es el primer paso que si no se cumple, hace prácticamente imposibles los siguientes. Con la ecotasa no se cumple el principio de «quien contamina paga», porque no es quien fabrica el futuro residuo el que paga, sino el consumidor, contribuya o no a su reciclaje.

¿Qué productos incorporan la ecotasa en su precio?

Envases, papel y cartón, vidrio, aparatos eléctricos y electrónicos, aceite industrial, neumáticos, medicamentos y automóviles.

¿Un impuesto justo?

Una solución (planteada en Canadá) podría ser la de pagar por tirar la basura. Es decir, que la recogida de basuras fuera realizada por empresas privadas, que ofrecieran diferentes precios por la recogida de todo tipo de basura y se encargaran de gestionarla correctamente. El gobierno prohibiría el vertido de residuos, pero no impediría la competencia del servicio de recogida: algunas empresas podrían ofrecer precios más bajos a los clientes que separaran su basura, mientras que otras podrían cobrar un poco más por llevar a cabo esa clasificación. La competencia entre las empresas de recogida de residuos optimizaría los costes del reciclaje.

¿Cómo se reciclan los RAEE?

Los residuos de aparatos eléctricos o electrónicos (RAEE) son un grupo de residuos que, debido a su diversidad, están fabricados con materiales de tipología y naturaleza muy heterogénea: plásticos, metales, vidrios, maderas, cartón o caucho. Además, los materiales que los componen pueden contener sustancias peligrosas, que si no se procesan separadamente mediante gestores especializados, por una mala manipulación o un destino final erróneo se pueden convertir en muy nocivos o suponer un riesgo grave para el medio ambiente y la salud humana.

GUIA_RESIDUOS_DOMESTICOS_ARAGON-25La preparación para la reutilización debe ser una de las primeras opciones en el manejo de residuos, ya que es material y energéticamente la más eficiente. Consiste en la comprobación, limpieza y/o reparación de aparatos descartados para posibilitar que vuelvan a usarse. Su recuperación dependerá en gran medida de una recogida separada y cuidadosa, de forma que no se dañen en la manipulación. Por ejemplo, los cartuchos de tinta, que también son RAEE, pueden ser reutilizados mediante su rellenado.

Para su reciclaje, los RAEE peligrosos se someten a una descontaminación, retirando sus posibles fluidos (refrigerantes, aceites y otros), y desmontando otros componentes peligrosos y valiosos. Tras su desmontaje y descontaminación, los residuos son tratados mediante procesos mecánicos de trituración o fragmentación, generándose diferentes materiales y fracciones que se destinan a operaciones de reciclaje y valorización y, en su caso, materiales no valorizables que se eliminan en vertedero.

Los procesos de reciclaje de las pilas y acumuladores son diferentes dependiendo de su tipología. Por ejemplo, las pilas de botón se valorizan mediante la destilación del mercurio, mientras que las pilas estándar o las baterías de móvil y de los automóviles se someten a un proceso hidrometalúrgico mediante el cual se separan todos los metales que contienen.

Fuente: http://www.aragon.es/estaticos/GobiernoAragon/Departamentos/AgriculturaGanaderiaMedioAmbiente/TEMAS_MEDIO_AMBIENTE/AREAS/RESIDUOS/GUIA_RESIDUOS_DOMESTICOS_ARAGON.pdf

Valorizar un residuo

¿Qué significa valorizar un residuo? Consiste en aprovecharlo al máximo a través de cualquier tratamiento que no suponga ningún perjuicio para la salud humana ni para el medio ambiente.

Estos serían dos ejemplos de valorización:

  • Residuo: envases vacíos contaminados. El primer paso es recoger ese envase de forma separada. La valorización incluye el procedimiento de optimizar el espacio, para lo cual se limpia, se tritura, se prepara y se manda a otro gestor final.
  • Residuo: aceite vegetal usado. La recogida separada en este caso puede ser incluso puerta a puerta en el sector de la hostelería (donde se suministra un bidón de 30-50 litros). Su logística implica que se recoge el bidón lleno a la vez que se deja uno vacío. Ya en la planta se prepara, se limpia, se separan el agua y los restos de frituras y se equilibra la acidez. Cuando hay suficiente aceite para llenar una cisterna de, por ejemplo, 25 toneladas, entonces se manda a una refinería. De esta forma, ese residuo de aceite vuelve a entrar en la economía como materia prima: biocombustible.

jerarquia-residuosLas ventajas de valorizar los residuos son claras, y hacia ellas va encaminada la economía circular:

  1. Se evita la contaminación producida por ese residuo.
  2. Se evita el uso de una materia prima extraída de la naturaleza.
  3. Al obtener valor de él, se contrarresta el coste de su gestión.

La economía del reciclaje de RAEE

La Asociación Europea de Recicladores de Electrónica (EERA) encargó a la Universidad de las Naciones Unidas un estudio sobre las deficiencias del modelo de negocio del reciclaje de RAEE (residuos de aparatos eléctricos y electrónicos). El análisis quería ofrecer una visión real de los costes operativos del adecuado reciclaje de RAEE, y del extendido “canibalismo” (apropiación de solo aquello que tiene valor económico) que existe en determinados productos, componentes y materiales.

Los sistemas colectivos de responsabilidad ampliada del productor financian el reciclaje de RAEE mediante licitaciones de servicios a empresas de transporte, almacenamiento y tratamiento de esos residuos (*). La economía o las operaciones de reciclaje dependen de dos elementos independientes:

  • Los costes operativos de cada empresa, que incluyen y dependen del grado de cumplimiento la normativa y los servicios prestados (cuanto más legal, más caro).
  • El valor del material obtenido tras el reciclaje, que está muy influenciado por el nivel de calidad/”canibalización” del material entrante.

unu-eera-brochure-online-v5Estas son las recomendaciones derivadas del estudio:
1. Supervisar los costes operativos entre los recicladores de la Unión Europea.
2. Considerar el establecimiento de unos costes mínimos no negociables con los sistemas colectivos de responsabilidad ampliada del productor (SCRAP).
3. Controlar el nivel de canibalismo en diferentes países/mercados y definir unos indicadores, basados en los valores promedio de mercado según las fracciones, para poder estimar las pérdidas económicas que ocasiona.
4. Incluir un “índice de canibalismo” en la negociación de contratos, ya que su impacto económico podría ser mayor que el beneficio.
5. Mejorar la manera de informar sobre los datos de recogida y tratamiento.

Fuente: https://www.eera-recyclers.com/files/unu-eera-brochure-online-v5-002.pdf

(*) Ampliar información en http://gestionderesiduosonline.com/como-se-valoran-los-residuos/

El problema del reciclaje de RAEE

Uno de los graves problemas de los aparatos eléctricos y electrónicos es que sus tasas de reciclaje a nivel mundial son bajas. Incluso en la Unión Europea, líder mundial en el reciclaje de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), solo el 35% de esos residuos es oficialmente reciclado. Globalmente la media baja al 20%, de manera que el 80% restante no estaría documentado y, por ejemplo, podría haber sido enterrado bajo tierra (vertedero).

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Esta ausencia de reciclaje supone una losa para la industria electrónica mundial y a medida que los dispositivos se vuelven más numerosos, más pequeños y más complejos, el problema aumenta. En la actualidad, el reciclaje de algunos tipos de RAEE y la recuperación de materiales y metales es un proceso costoso. Las otras partes de estos residuos, principalmente plásticos mezclados con metales y productos químicos, son un problema todavía más difícil de resolver. Estos residuos son complejos y pueden llegar a contener hasta 60 elementos de la tabla periódica. En algunos casos, contienen sustancias químicas peligrosas, como los retardantes de llama, algunos de los cuales son Contaminantes Orgánicos Persistentes incluidos en el Convenio de Estocolmo.

A todo esto hay que añadir la confusión de los consumidores globales sobre cómo deshacerse de ellos. Lo más habitual es que se trate como un desperdicio doméstico normal, sin depositarlo separadamente. Pero los RAEE (que incluyen baterías, bombillas, teléfonos, ordenadores o cables) deben tratarse por separado. Esta falta de concienciación sobre cómo reciclarlos, y la preocupación sobre los datos almacenados en su interior, sugiere que hay muchos RAEE en cajones, dormitorios, garajes y oficinas de todo el mundo esperando a ser gestionados.

Fuente: http://www3.weforum.org/docs/WEF_A_New_Circular_Vision_for_Electronics.pdf

Blockchain para el reciclaje

Circularise es una empresa emergente de los Países Bajos que ha desarrollado un protocolo de comunicaciones basado en blockchain y aplicable a diferentes cadenas de valor de productos. Su sistema permite a fabricantes, proveedores y recicladores compartir datos de forma segura, monitorizar la ubicación de materias primas, productos o residuos, obtener certificaciones y planificar actividades de logística y reciclaje para materiales específicos.

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La economía circular utiliza y reutiliza los recursos naturales de la manera más eficiente posible y extrae el máximo valor de los productos, piezas y materiales al final de su ciclo de vida. Pero su éxito depende en gran medida de una mayor transparencia y comunicación en las cadenas de suministro: diseñadores de productos, industrias manufactureras, distribuidores, el sector de la segunda mano (reparación y reutilización), y la industria del reciclaje y eliminación. Una comunicación transparente crea confianza y por eso muchas empresas desean compartir datos pero manteniendo el control de lo que comparten. Eso es lo que propone Circularise: proporcionar un sistema donde todas las partes puedan responsabilizarse de sus acciones, los resultados de auditorías puedan publicarse y compartirse, y la información pueda intercambiarse de manera flexible. Esto se puede lograr mediante el uso de la tecnología blockchain, que permite a las partes interesadas agregar y tener acceso directo a cualquier información crítica que puedan necesitar, de tal forma que:

  • Los usuarios siguen siendo los propietarios de sus datos, incluso si ya no son dueños del objeto (productos, piezas, materiales, etc.).
  • Los usuarios deciden si comparten los datos y con quién.
  • No se requiere confiar en una parte interesada central.

¿Cómo se reciclan las baterías?

Cada vez utilizamos más pilas y baterías para nuestros aparatos, gracias a las cuales no necesitan ser enchufados a la red eléctrica más que para cargarse. A ese incesante crecimiento se han unido recientemente las baterías de los coches híbridos y eléctricos. Sin embargo, su heterogeneidad está suponiendo un problema medioambiental a la hora de su gestión como residuos. A diferencia de otro tipo de baterías industriales, que suelen tener un tamaño y formato estándar, las de propulsión eléctrica están adaptadas a cada modelo de coche y su composición es muy variada, a pesar de que en su mayoría se basan en iones de litio. Esto impide diseñar un único proceso de reciclaje que permita recuperar el máximo de materias primas.
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La separación es siempre la clave en el reciclaje de cualquier material, y lo es ya desde el origen, es decir, desde que el producto es desechado en el lugar adecuado. En este sentido, lo fundamental en las baterías de iones de litio es conseguir separar los materiales de los electrodos dando como resultado un material reciclado cuyas prestaciones sean tan buenas como la propia materia prima. Y esto puede lograrse con agua como disolvente y tecnologías de la industria minera, de tal forma que los componentes separados pueden devolverse al fabricante y transformarse en baterías nuevas, cerrando así su ciclo de vida.


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