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La jerarquía del residuo

La Directiva 2008/98/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 19 de noviembre de 2008, estableció por primera vez la llamada jerarquía de los residuos. El primer objetivo de cualquier política en materia de residuos debe ser reducir al mínimo los efectos negativos de la generación y la gestión de los residuos para la salud humana y el medio ambiente. La política en materia de residuos debe tener también por objeto reducir el uso de recursos y favorecer la aplicación práctica de la jerarquía de residuos.
La jerarquía de residuos establece en general un orden de prioridad de lo que constituye la mejor opción global para el medio ambiente en la legislación y la política en materia de residuos:
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Esta pirámide entronca además con la conocida regla de las tres erres (3R):

Logo 3R

La Iniciativa 3R surgió en Japón en 2002 y fue difundida en la cumbre del G8 de junio de 2004, con el fin de promover a nivel mundial una sociedad orientada al reciclaje, que utilizara de manera eficaz los recursos y materiales. Reducir y reutilizar corresponden al productor y al consumidor; y reciclar, recuperar y eliminar corresponden al gestor.

¿Es posible llegar a cero residuos?

La estrategia del residuo cero consiste en reducir el volumen y la toxicidad de los materiales que conforman los residuos. No es un fin en si mismo sino un movimiento social que apunta directamente al origen del problema: la generación.

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En las cadenas de suministro industrial, por ejemplo, es termodinámicamente imposible lograr un proceso de producción de cero residuos. Puede haber una parte de la cadena que no deje residuos pero no toda. Con la cuarta revolución industrial habrá muchas mejoras en ese aspecto, pero tendremos que continuar gestionando los restos de materiales de antes y después de la cadena, además de lidiar con nuevas formas de residuos. Así, desde el punto de vista técnico no se puede evitar la generación de desperdicios. Podemos reducirlos sustancialmente, podemos diseñar productos pensando en reutilizarlos y reciclarlos, podemos implementar programas de prevención, podemos minimizar e incluso eliminar la presencia de sustancias peligrosas. Pero a la larga su generación siempre será un síntoma de la imperfección del consumo y la producción industrial.

Dada la imposibilidad de erradicación total, el movimiento residuo cero también tiene que ver con no enviar nada a vertedero, la peor de las opciones en la gestión y jerarquía del residuo. De tal modo que si se recicla, composta o valoriza no se considera residuo, sino recurso. Algunos países, como Suiza, ya han logrado este objetivo.

Gestión de residuos sólidos urbanos

La adecuada gestión de los residuos es uno de los grandes retos medioambientales, que conlleva indudables beneficios: disminución de emisiones de gases de efecto invernadero, ahorro energético, conservación de recursos, generación de nuevos puestos de trabajo, tecnologías limpias y oportunidades económicas.

Los Residuos Sólidos Urbanos (RSU) constituyen el 10% del peso de todos los residuos generados, pero debido a su heterogeneidad su gestión resulta muy compleja. No incluyen residuos industriales ni residuos de construcción y demolición, que pesan el 90% restante y tienen un camino al reciclaje más directo. Es por esto que la reducción de los gases de efecto invernadero en materia de residuos podría ser mucho mayor si estas otras grandes fracciones efectivamente se reciclaran. De todos los residuos generados en Europa en 2013, el 31% fue depositado en vertederos, el 26% se incineró con recuperación de energía y la mayoría restante se recicló o compostó.

RSU

Composición del RSU

Sin embargo, la situación dentro de la Unión Europea difiere según los países. Así, mientras que en España más del 60% de los RSU generados acaban en vertederos, en Alemania el porcentaje de reciclaje alcanza el 64% y el resto es valorizado energéticamente consiguiendo, por tanto, el deseado vertido cero. La única tendencia posible es avanzar hacia una “sociedad del reciclado”, donde los residuos se consideren un recurso, transformando el modelo de economía lineal en uno de economía circular. En este sentido, la UE a través de la Directiva 2008/98/CE, establece una jerarquía en la gestión de los residuos cuyo objetivo es su tratamiento óptimo, dejando como última alternativa el depósito en vertedero, opción penalizada en países de nuestro entorno. Recientemente se aprobó un nuevo paquete de medidas que deberá guiar a Europa en la transición hacia una economía circular, donde se utilicen los recursos de modo más sostenible.

Preparación para la reutilización

Reutilización: cualquier operación mediante la cual productos o componentes que no sean residuos se utilizan de nuevo con la misma finalidad para la que fueron concebidos.

Preparación para la reutilización: la operación de valorización consistente en la comprobación, limpieza o reparación, mediante la cual productos o componentes de productos que se hayan convertido en residuos se preparan para que puedan reutilizarse sin ninguna otra transformación previa.

Directiva 2008/98/CE sobre residuos

Según la jerarquía de residuos, establecida por primera vez en la Directiva 2008/98/CE, la reutilización prevalece sobre el reciclaje y así figura en la legislación posterior de los países europeos. Pese a ello, se ha prestado atención preferente y casi exclusiva al reciclaje, pero se ha dedicado poco o ningún interés a apoyar estudios o proyectos que permitan optimizar la eficiencia de los procesos de reutilización o de preparación para la reutilización, así como a la normativa que posibilite la regulación de estas actividades. De hecho, los objetivos europeos y nacionales no distinguían entre reutilización y reciclaje, lo que ha conducido a que la logística y las instalaciones de tratamiento de residuos sean totalmente inadecuadas para la preparación de artículos para su posterior reutilización.

Los aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) son los que más deberían reutilizarse y sin embargo, según la lógica de mercado imperante, son los que tienen un ciclo de uso más corto. Cuando este se acaba no solo no se reutilizan, sino que ni siquiera se desechan correctamente, con los problemas medioambientales que esto acarrea. Según datos de la Unión Europea, se calcula que alrededor del 25% de los aparatos eléctricos que desechamos podrían reutilizarse.

De ahí que el recientemente aprobado en España Real Decreto 110/2015, sobre residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, busque lograr ampliar su periodo de utilización. El reciclaje debe ser la penúltima opción, y solo en caso de que los aparatos hayan sufrido daños irreparables y no sea posible reintroducirlos en el mercado. Por eso se hace hincapié en que las condiciones de recogida y transporte (inicio del proceso de reutilización) aseguren la preparación para la reutilización de los RAEE y sus componentes y eviten su rotura, exceso de apilamiento, la emisión de sustancias o pérdida de materiales y el vertido de aceites y líquidos. Con este Real Decreto, España se ha convertido en el primer país de la UE que recoge en su normativa objetivos específicos de preparación para la reutilización.

Los 5 puntos destacados del nuevo PEMAR

El pasado 6 de noviembre de 2015 se aprobó el Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos (PEMAR) 2016-2022 para mejorar las deficiencias detectadas en la política de residuos de España. El objetivo final del Plan, al igual que lo es el de la política comunitaria de residuos, es convertir a España en una sociedad eficiente en el uso de los recursos, que avance hacia una economía circular. El PEMAR aplica la jerarquía del residuo establecida en la normativa comunitaria: reducir el depósito en vertedero mediante el incremento de la preparación para la reutilización, el reciclado y otras formas de valorización, incluida la valorización energética.

  1. Es fundamental aumentar la recogida separada de residuos, especialmente de los orgánicos puesto que suponen el 42% de los residuos municipales. También hace hincapié en la recogida separada de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos en función de los productos puestos en el mercado. Para pilas y acumuladores portátiles se espera llegar al 60% a partir del 31 de diciembre de 2020.
  2. Como novedad y para garantizar el cumplimiento de los objetivos nacionales, las comunidades autónomas deberán cumplir esos objetivos con los residuos generados en su territorio.
  3. En cuanto a la prevención, este plan establece alcanzar en 2020 una reducción de un 10%, respecto a 2010, en la generación de residuos.
  4. Se marcan diferentes objetivos para la preparación, la reutilización y el reciclado de las fracciones reciclables de residuos de todo tipo. Como por ejemplo, conseguir el 50% de reciclado de residuos urbanos en 2020.
  5. Las bolsas de plástico son otro enemigo a batir por lo que se evitará que se entreguen gratis, de manera que su consumo se reduzca a 90 bolsas por habitante y año antes de 2020 y a 40, antes de 2025.
Consultar aquí el texto completo

7 propuestas para la gestión de residuos

19 organizaciones de la sociedad civil española han presentado una serie de propuestas para una gestión eficaz de los recursos, que eliminen progresivamente el vertido y la incineración de residuos:


  1. Elaborar programas de prevención de los residuos municipales.
  2. Implantar medidas de reducción de residuos, especialmente de las bolsas de plástico de un solo uso.
  3. Establecer objetivos específicos y ambiciosos de reutilización (potenciar la preparación para la reutilización, facilitar la recogida de residuos reparables o adaptables para la puesta de nuevo en el mercado).
  4. Modificar y reducir los residuos de la fracción resto que no puedan destinarse a reutilización o reciclaje. Recogida separada de la materia orgánica. Analizar y escoger el modelo de recogida y de separación (puerta a puerta, quinto contenedor, húmedo-seco, etc.) más adecuado.
  5. Exigir a los productores que se responsabilicen y favorezcan la correcta gestión de los residuos en base a la jerarquía que marca la normativa.
  6. Sistemas de Depósito, Devolución y Retorno para envases de bebidas, que incrementen los porcentajes de recogida y la calidad de los materiales recogidos.
  7. Fiscalidad ambiental disuasoria: impuestos por vertido o incineración y pago por generación de residuos.

 

Las entidades firmantes: firmantes


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