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RAEE II: las modificaciones legales previstas para 2018

A partir del 15 de agosto de 2018 el alcance de la aplicación del Real Decreto 110/2015 sobre residuos de aparatos eléctricos y electrónicos se amplía. Siguiendo la Directiva Europea RAEE II (2012/19/UE), se clasificarán los aparatos en 6 categorías separando los paneles fotovoltaicos en una categoría aparte (séptima) dada su singularidad, de larga vida media y perfil profesional, para que no distorsione las cuotas y objetivos de recogida anuales del resto de aparatos eléctricos con características más similares entre sí:

  1. Aparatos de intercambio de temperatura, con tres excepciones:

    - Aparato eléctrico de intercambio de temperatura clorofluorocarburos (CFC), hidroclorofluorocarburos (HCFC), hidrofluorocarburos (HFC), hidrocarburos (HC) o amoníaco (NH3).
    - Aparato eléctrico de aire acondicionado.
    - Aparato eléctrico con aceite en circuitos o condensadores.

  2. Monitores, pantallas, y aparatos con pantallas de superficie superior a los 100 cm2.
  3. Lámparas.
  4. Grandes aparatos (con una dimensión exterior superior a 50 cm).
  5. Pequeños aparatos (sin ninguna dimensión exterior superior a 50 cm).
  6. Equipos de informática y telecomunicaciones pequeños (sin ninguna dimensión exterior superior a los 50 cm).
  7. Paneles fotovoltaicos grandes (con una dimensión exterior superior a 50 cm).

A partir de esa fecha pasarán a tener la obligación legal de ser reciclados estos productos que anteriormente no estaban incluidos:

  • las luminarias domésticas
  • pequeño material eléctrico (enchufes, sensores, etc.)
  • dispositivos de mando y protección eléctrica (interruptores de emergencia, relés, etc.)
  • equipos de generación, transmisión, transformación, acumulación y medición de energía (motores, convertidores, transformadores, etc.)
  • consumibles ofimáticos como cartuchos de impresión y tóneres, siempre y cuando contengan alguna parte eléctrica o electrónica
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Fuente: Ambiafme

La responsabilidad de los productores de AEE

Los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) representan un desafío mundial porque:

  • la producción de estos dispositivos está sujeta a una red de cadenas de suministro mundiales
  • la generación de estos residuos crece en todo el mundo
  • su prevención y adecuado tratamiento requiere la participación de un conjunto diverso de actores, que a menudo abarcan fronteras nacionales y continentes

UN E-Waste

Es necesario abordar la responsabilidad de las empresas que fabrican estos aparatos. Al observar todo su ciclo de vida, desde el diseño y la producción hasta la eliminación final, es evidente que la mayoría de las iniciativas destinadas a abordar los RAEE se centran en el tratamiento al final de su vida útil (reciclaje y eliminación). De modo que se presta menos atención a la adquisición de materias primas, diseño y producción, o a la reparación, reutilización y reacondicionamiento de AEE. Esto podría deberse a la compleja estructura de los implicados e intereses comerciales que rodean a los RAEE, y a no asumir la totalidad del ciclo de vida por parte de ciertos sectores interesados.

Se debe hacer hincapié en aspectos como la vida útil del producto y el uso por parte de los consumidores, e involucrar a gobiernos y fabricantes de AEE en la regulación de la responsabilidad ampliada del productor (RAP). La RAP debe estar respaldada por la legislación y contar con medidas punitivas, mientras se logran modelos comerciales económicamente atractivos. Esto es importante porque la esperanza de vida y la “modernidad” de estos productos se acortan a marchas forzadas. Los fabricantes de AEE deberían ampliar el ciclo de vida de los productos que venden, además de extender su responsabilidad empresarial más allá de su último uso.

Fuente: http://www.zoinet.org/web/sites/default/files/publications/E-Waste-EMG-WEB.pdf

El aumento de los residuos eléctricos y electrónicos en el mundo

Anualmente se genera casi tanto residuo eléctrico y electrónico como toneladas de aparatos se ponen en el mercado (*). Cuatro grandes tendencias son las responsables de este fenómeno:

  1. Más gadgets: El acelerado desarrollo tecnológico está impulsando la introducción de nuevos productos, particularmente en la categoría de electrónica portátil, como tabletas y relojes inteligentes.
  2. Más consumidores: En el Este y Sudeste Asiático (Vietnam, Tailandia, Taiwán, Singapur, Filipinas, Malasia, Corea del Sur, Japón, Indonesia, Hong Kong, China y Camboya), hay países en vías de industrialización con una población en constante crecimiento, y también hay una clase media expandiéndose rápidamente que puede permitirse comprar más aparatos.
  3. Disminución de la vida útil: El ciclo de vida de los dispositivos ha disminuido, no solo debido a que la tecnología avanza tan rápido que hace que lo más antiguo sea inútil por incompatibilidad de hardware (por ejemplo, pen drives que reemplazan a disquetes) y requisitos de software (por ejemplo, aplicaciones que solo funcionan en versiones de sistemas operativos recientes), sino también por otros factores como las modas.
  4. Importaciones/Exportaciones: El flujo comercial de aparatos eléctricos y electrónicos proporciona una mayor disponibilidad de productos, tanto nuevos como de segunda mano, y también proporciona más futuros residuos.

Asia E-Waste Monitor

(*) En 2014 se generaron 41,8 millones de toneladas de RAEE según la Universidad de las Naciones Unidas (UNU). Se estima que, en 2012, 56,5 millones de toneladas de AEE fueron puestas en el mercado global.

Fuente: http://ewastemonitor.info/pdf/Regional-E-Waste-Monitor.pdf

Cómo combatir la obsolescencia

De un tiempo a esta parte, cada vez utilizamos más la palabra “obsolescencia” para poner de manifiesto lo poco que duran nuestros aparatos eléctricos y electrónicos. La lavadora que antes duraba 20 años, ahora apenas dura 10. Y ese sería un ejemplo de larga duración porque la tecnología más avanzada vale igual o más y dura mucho menos. Los ritmos de producción y consumo se han acelerado de manera artificial para que los fabricantes consigan el mayor beneficio posible. Incluso existen diferentes tipos de obsolescencias:

  • Programada: la creada por el mismo fabricante para forzar una nueva venta. Por ejemplo, la impresora que deja de imprimir al llegar a un determinado número de usos.
  • Percibida: cuando sentimos que el producto ya no es útil porque ha sido superado por nuevos modelos.
  • Funcional: cuando el producto deja de cumplir alguna o todas las tareas para las que fue concebido.

Ante estas evidencias, han aparecido voces contrarias a este consumismo vertiginoso y perjudicial para el medio ambiente, incluida la del Parlamento Europeo y su propuesta sobre las ventajas de una vida útil más larga de los productos.

ActualizacionesEntre las soluciones contra la obsolescencia estarían:
1 – Garantizar un mínimo de vida útil
2 – Informar adecuadamente a los consumidores de esa vida útil y si podrá repararlo
3 – Prolongar la vida útil del producto: dándole múltiples usos, disponiendo de piezas de repuesto, diseño que facilite el desmontaje y reparación, compatibilidad universal.
4 – Extender la funcionalidad del software para que no deje obsoleto al hardware

El coste global de los residuos electrónicos

Los consumidores sustituyen los aparatos electrónicos al menor inconveniente, y pocos eligen la reparación sobre el reemplazo. Y ese aumento en el consumo de la electrónica tiene dos efectos medioambientales adversos:

  1. Incrementa la extracción de minerales escasos como oro, plata, platino, titanio, mercurio, plomo o cobre.
  2. Las grandes cantidades de dispositivos desechados producen unos residuos contaminantes de difícil gestión. En las plantas de reciclaje, los dispositivos tienen que ser laboriosamente ordenados y desmontados, con especial atención a los materiales tóxicos. Esto puede llegar a hacer inviable el negocio de su reciclaje.
¿De quién es la responsabilidad?
  1. La reparación y reutilización son la mejor opción, pero la obsolescencia obstaculiza una segunda oportunidad si los dispositivos antiguos no reciben soporte de fabricantes y desarrolladores. Ellos son los que hacen cada vez menos viable mantener un viejo aparato, incluso haciendo (mal) uso de las actualizaciones de software para acabar de inutilizarlo.
  2. Los gobiernos deben regular la gestión de estos residuos. Además de premiar a las empresas con buenas prácticas (sin obsolescencia programada, que alarguen la vida útil, con programas de recompra y reciclaje de antiguos modelos…) o fomentar la creación de centros de reparación y reutilización, con beneficios sociales añadidos como dar trabajo a personas en riesgo de exclusión social.
  3. Los consumidores pueden resistirse, o al menos retrasar, la adquisición de nuevos dispositivos hasta que realmente los necesiten. Pueden reparar y/o revender dispositivos cuando sea posible. Y sino, como mínimo, los deberían reciclar.

La electrónica siempre ha producido residuos complejos, pero la cantidad y la velocidad de descarte ha aumentado exponencialmente en los últimos años. Hubo un tiempo en que los televisores se mantenían durante más de una década, pero ahora casi no hay ningún dispositivo que dure más de un par de años en manos del propietario original.

Fuente: http://www.theatlantic.com/technology/archive/2016/09/the-global-cost-of-electronic-waste/502019/

La era electrónica

Los electrodomésticos y demás dispositivos electrónicos cuyo número y uso no para de crecer, están omnipresentes en nuestras vidas. Estos dispositivos, alimentados por baterías o con electricidad, se utilizan en todas las partes del mundo y por todos los estratos de la sociedad.

arbol RAEEAsia es a la vez el mayor fabricante y el mercado más grande de aparatos eléctricos y electrónicos (AEE) del mundo, llegando a consumir casi la mitad de lo que se pone en el mercado mundial. En 2014, Asia generó 16 millones de toneladas de residuos electrónicos, lo que equivale a 3,7 kg por habitante frente a los 15,6 kg por habitante en Europa. A medida que los países asiáticos se industrializan rápidamente y sus ciudadanos disfrutan de mayores ingresos y niveles de vida, el número de productos consumidos y eliminados seguirá aumentando.

La gestión adecuada de estos aparatos al final de su vida útil no supone solo un beneficio medioambiental y económico, sino que además preserva la salud pública, perjudicada por prácticas de reciclaje inapropiadas que emiten sustancias peligrosas. La correcta gestión también preserva recursos limitados que son esenciales para la producción de dispositivos de alta tecnología.

Japón ha estado a la vanguardia de los desarrollos de tecnología digital y es el epicentro de algunos de los mayores fabricantes de AEE del mundo. También ha sido pionero y líder global en la implementación de un sistema basado en la responsabilidad ampliada de los productores para estos residuos, gracias a su consolidado marco de gestión de residuos sólidos. Como parte de los compromisos globales para una mejor gestión de RAEE, Japón ha apoyado técnica y financieramente diversos tipos de actividades a través de programas internacionales.

De la misma forma que las cadenas de suministro de los AEE son de naturaleza global, también lo son las cadenas inversas al final de la vida útil con un gran comercio internacional de residuos. Su crecimiento exponencial y las controversias internacionales sobre estos acuerdos transfronterizos han llevado al desarrollo de regulaciones tanto nacionales como internacionales.

Fuente: http://ewastemonitor.info/pdf/Regional-E-Waste-Monitor.pdf

Cómo deshacerse de los aparatos eléctricos y electrónicos

Cualquiera que tenga un aparato eléctrico o electrónico usado o viejo tiene dos opciones: destinarlo a su reutilización o desecharlo separadamente del resto de residuos. La primera opción es la más deseable, incluso en el caso de que los aparatos usados no funcionen correctamente. Ese segundo uso solo será posible si se entrega:

֍ a entidades sociales sin ánimo de lucro que arreglan y/o venden esos aparatos,
֍ a empresas dedicadas al mercado de segunda mano con entrega in situ o con recogida a domicilio, o
֍ a través de otras vías de reutilización y alargamiento de la vida útil de los productos, como por ejemplo de particular a particular.

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En el segundo supuesto, la responsabilidad medioambiental de los usuarios de estos aparatos concluye con la entrega del residuo (RAEE) en las instalaciones o puntos de recogida:
֍ de las Entidades Locales. Es decir, en los puntos limpios de los ayuntamientos, que pueden ser:

– fijos: instalación permanente en un punto concreto del municipio.
– móviles: cuando un camión multirresiduo recorre diferentes zonas del municipio.

֍ de los distribuidores. En muchas tiendas que venden estos aparatos hay contenedores específicos donde depositarlos cuando se convierten en residuos.
֍ de los gestores de residuos. Requiere ir a la instalación del gestor autorizado a entregar el RAEE.
֍ con su entrega en las redes de recogida de los productores de AEE. Los productores de aparatos eléctricos y electrónicos son, a grosso modo, los fabricantes o importadores.

¿Mecánico o eléctrico?

Un simple exprimidor de naranja puede desafiar la “electrificación” (alimentación por pila, batería o corriente eléctrica) dominante en nuestra sociedad de consumo. Actualmente existen sofisticados exprimidores de naranja, individuales para uso doméstico o múltiples para uso industrial. Sin embargo, antes eran comunes unos mecánicos técnicamente superiores a los eléctricos porque:

Exprimidor naranja

Requerían menos esfuerzo al solo tener que bajar una palanca.
Eran más robustos y duraderos.
Generaban un residuo (metal) más fácilmente reciclable que los eléctricos (donde hay que separar el motor del plástico).
No gastaban energía porque no se enchufaban.

Este ejemplo pone de manifiesto cómo todo se “electrifica” en la era tecnológica en la que vivimos: bicis, patinetes, juguetes, ropa, relojes… A lo que antes se le daba cuerda, hoy lleva una pila o lo ponemos a cargar. Esta “electrificación” de las cosas conlleva un problema medioambiental al convertirse en residuos, porque es todo mucho más complejo de reciclar y más peligroso si acaba abandonado en el lugar inadecuado.

No se trata de involucionar, sino de buscar la opción más sencilla y sostenible. En eso precisamente consiste el ecodiseño, que busca conseguir el producto más ecológico en todos los sentidos y en todos los sectores productivos. El botijo fue precursor del ecodiseño, en contraposición a las botellas de bebida hechas con plástico.

El dispositivo electrónico más duradero

Diseñar un producto que dure y pueda reciclarse supone contribuir a la economía circular, donde los ingresos y beneficios económicos se obtienen de forma sostenible.

Son dos los niveles de intervención para hacer que los dispositivos electrónicos duren lo máximo posible:

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Hardware
  • Pantalla y batería reemplazables
  • Modularidad cosmética (por ejemplo, cambio de carcasas)
  • Modularidad completa (por ejemplo, teléfonos montados por módulos)
  • Compatibilidad de las partes entre diferentes modelos
  • Durabilidad (materiales y ensamblaje duraderos)
  • Reciclabilidad (materiales que puedan reciclarse)
Software
  • Diagnóstico de hardware
  • Diagnóstico de funcionamiento
  • Disponibilidad de drivers
  • Sistema Operativo simplificado para una segunda vida

El modelo de negocio, en definitiva, tiene que estar orientado a la vida del dispositivo, no a la cantidad que se vende. Se basaría en el alquiler, en la recompra de modelos antiguos u ofrecer un servicio combinado de acceso por registro (solo funcionamiento online) y dispositivo (como Amazon o SO Chrome).

En los países menos desarrollados económicamente hay más cultura de la reparación, y se espera que los dispositivos sean fiables y de fácil mantenimiento. Un dispositivo antiguo que funcione correctamente resulta interesante para quienes no busquen gastarse mucho dinero y quienes no necesiten las últimas prestaciones. El ciclo de vida de la industria electrónica debería parecerse más a la de los automóviles, donde la segunda mano está completamente asentada y extendida. No hay que olvidar que la reutilización y la recolección de piezas es mucho más valiosa que su reciclaje.

Fuente: Green Alliance

Etiquetado de aparatos eléctricos y electrónicos

En la Unión Europea, con objeto de facilitar la eliminación y recogida separada de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), los productores deben marcar con el símbolo inferior los AEE que introduzcan en el mercado. Además, también es habitual que los aparatos eléctricos y electrónicos lleven una etiqueta con las letras “RoHS”. Esta etiqueta no estandarizada señala que ese producto no lleva más cantidad de la permitida en seis sustancias tóxicas concretas (Restriction of Hazardous Substances):

  • Cadmio(Cd) – 100 mg/kg
  • Plomo (Pb) – 1000 mg/kg
  • Mercurio (Hg) - 1000 mg/kg
  • Cromo hexavalente (Cr (VI)) - 1000 mg/kg
  • Bifenil polibromado (PBB) – 1000 mg/kg
  • Difenil éter polibromado (PBDE) - 1000 mg/kg

Estas restricciones se aplican actualmente en la Unión Europea, Noruega, Turquía, Rusia, Kazajistán, Bielorrusia, India, China, Taiwán, Japón, Corea del Sur, y California.

Etiqueta RAEE

Etiqueta de la Unión Europea

En Japón, se exige a fabricantes e importadores exponer la información de los aparatos que contengan alguna de estas seis sustancias peligrosas. La etiqueta es verde si no se exceden las cantidades máximas de sustancias peligrosas, o si por el contrario, requiere gestionarse en la cadena de suministro para su adecuado reciclaje.

Japón RoHS

Etiqueta de Japón

En China, la ley también obliga a etiquetar los aparatos eléctricos y electrónicos. El punto verde solo debe ponerse cuando se cumple con los niveles máximos de sustancias peligrosas. En caso contrario hay que utilizar el naranja, donde los números indican los años de uso respetuoso con el medio ambiente desde la fabricación. Por ejemplo, en el caso de las baterías sería en torno a 5 años y en el caso de monitores o notebooks sería de 10 años.

China RoHS

Etiqueta de China


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